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Templario

Aquí os dejo con otra maravillosa escultura de mi amigo y compañero Martín, la cual podéis admirar en su web:

http://www.123miweb.es/andresabelmiobra/74573678

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TEMPLARIO

Nombre con el que se conoce al caballero que perteneció durante el siglo XII y aproximadamente durante casi dos siglos más, a una de las órdenes militares y cristianas más populares y misteriosas de aquellos tiempos. Esta sociedad tuvo, como nombre inicial “La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón”, fue fundada entre el año 1118 y 1119, bajo el reinado de Balduino I, por nueve caballeros franceses (Hugo de Payns, Godofredo de Saint – Omeir, Godofredo de Bisol, Paven de Montdidier, André de Montbard,Arcimbaldo de Saint -Amand, Hugo Rigaud, Gondemaro, Rolando). Su lider, Hugo de Payns, había crecido bajo una sólida educación cristiana y un hábil manejo de las armas. Se crean con el fin de proteger y dar seguridad a los peregrinos cristianos, que tras la conquista viajaban desde Europa a Tierra Santa, principalmente en el peligroso camino que conectaba el puerto de Jaffa con Jerusalén.

El rey Balduino I los recibió al llegar a Jerusalén, los acomodo y les dijo que podían instalarse y vivir en una parte de su palacio sobre las caballerizas del antiguo Templo de Salomón. Y es de ahí su nombre, pues las gentes empiezan a asociar a estos caballeros entorno a este Templo, llamarlos como hoy comúnmente se les conoce, los Caballeros Templarios o la Orden del Temple. Cabe recalcar que durante los primeros nueve años de la Orden, no admitieron ningún otro miembro, se presume, que fue a causa de que se encontraban realizando excavaciones secretas. No hay consenso acerca de qué fue lo que buscaban (pudiendo ser el arca de la alianza, el santo grial…), ni de que fue lo que realmente encontraron, es de ahí, de donde salen todo ese cúmulo de historias, misterios y leyendas que se crean en base a ellos.

Estos caballeros fueron primero reconocidos por el Patriarca Latíno de Jerusalén, Gardmon de Picquiani, el cual les dio como regla la de los canónigos agustinos del “Santo Sepulcro”. El historiador Jacques de Vitry, describe con esta cita lo que fue el origen de esta Orden:

“Ciertos caballeros, amados por Dios y consagrados a su servicio, renunciaron al mundo y se consagraron a Cristo. Mediante votos solemnes pronunciados ante el Patriarca de Jerusalén, se comprometieron a defender a los peregrinos contra los grupos de bandoleros, a proteger los caminos y servir como caballería al soberano rey. Observaron la pobreza, la castidad y la obediencia según la regla de los canónigos regulares. Sus jefes eran dos hombres venerables, Hugo de Payns y Godofredo de Saint-Omer. Al principio no había más que nueve que tomasen tan santa decisión, y durante nueve años sirvieron en hábitos seculares y se vistieron con las limosnas que les daban los fieles.”

En 1127, el primer maestre de la Orden Hugo de Payns, obtuvo el permiso del rey de Jerusalén para intentar “oficializar” la Orden y emprendió un viaje a Roma con el fin de obtener una legítima aprobación del papa. En ese entonces Balduino I había muerto y en su lugar se encontraba Balduino II, primo del fallecido, fue él quien escribió la carta al Abad Bernardo de Clairvaux (personaje de la divina comedia, a quien Dante sitúa como el único con acceso al cielo más elevado, activísimo religioso que escribía cartas a reyes, papas, obispos y monjes) quien los recibió calurosamente y con todos los honores. Sorpresivamente Bernardo de Clairvaux (San Bernardo de Claraval) era pariente de dos de los nueve miembros de la Orden del Temple: Hugo de Payns y Andrés de Montbard. Dentro de sus pensamientos estaba precisamente el de sacralización de la milicia, por lo que fue recibida con entusiasmo la carta de Balduino II, y con ello el apoyo de tan importante figura. Bernardo de Clairvaux fue canonizado el 18 de enero de 1174 e incluido en el calendario de los santos por el Papa Alejandro III.

Después del caluroso recibimiento de Bernardo de Clairvaux, Hugo de Payns y los cuatro acompañantes que había llevado consigo a Europa fueron recibidos en calidad de recomendados por Bernardo de Clairvaux, por el papa Honorio II, en Roma. Los entonces miembros de la aspirante a orden, habían recibido, como hemos dicho anteriormente de los canónigos del Santo Sepulcro la regla de San Agustín, misma que ellos profesaban, que era una normativa que describía una serie de deberes religiosos que ellos debían llevar a cabo, sin embargo Bernardo de Claurvaux quería algo más de la nueva orden y en la primavera de 1128, se celebró un concilio extraordinario en Troyes, a la cuál asistió una serie de personalidades importantes dentro del ámbito religioso astutamente reunidos por este Abad, ya que todos estaban vinculados a el de cierta manera, ahí fue donde él mismo, expuso los principios y primeros servicios de la Orden. Fue así como la Orden del Temple fue reconocida “oficialmente” como una militarización oficial de las cruzadas y luego de esto, el apoyo de nobles y príncipes fue requerido por el concilio para que ayudaran a la recién reconocida orden además de que se le pidió a Bernardo de Clairvaux que redactara una regla única original para los Templarios. Dichas leyes eran una mezcla de normas militares y normas religiosas, hacían votos de obediencia, castidad y pobreza. También se les impuso un manto blanco como prenda oficial y más tarde el papa Eugenio III le agregó la cruz de malta.

Su entrenamiento era tanto físico como espiritual, ya que se les instruía tanto de religión como del manejo de las armas. Cuando alguien se iniciaba en la orden de los templarios todos sus bienes (propiedades y grandes fortunas, cuando se trataba de nobles) pasaban a manos de la orden, así que no es raro que el poderío económico de los templarios creciera rápidamente.

A todas estas curiosas características de la orden, se les añade que únicamente respondían al papa y a la iglesia, de este modo, la defensa de Jerusalén y por qué no decirlo, futuras conquistas, estaban aseguradas. En su sentido de monjes, los templarios debían de pronunciar los votos de pobreza, castidad y obediencia, más un cuarto voto de conquista y conservación de Tierra Santa, aunque cumplir este voto significara sacrificar su vida. Se distinguían de otras órdenes como las órdenes de los caballeros teutónicos o los caballeros de San Juan de Jerusalén, las cuáles eran más bien fundadas como instituciones de beneficencia o caridad.

La Orden fue oficialmente aprobada por la Iglesia Católica en 1129, durante el Concilio de Troyes celebrado en la catedral de la misma ciudad, la Orden del Temple creció rápidamente en tamaño y poder.

El éxito de los templarios se encuentra estrechamente vinculado a las Cruzadas; la pérdida de Tierra Santa derivó en la desaparición de los apoyos a la Orden. Además, los rumores generados en torno a la secreta ceremonia de iniciación de los templarios crearon una gran desconfianza. Felipe IV de Francia, muy endeudado con la Orden, comenzó a presionar al Papa Clemente V con el objeto de que éste tomara medidas contra sus integrantes. En 1307, con engaños un gran número de templarios franceses fueron arrestados, incluido el gran maestre por entonces, Jaques de Moley, siendo muchos de ellos obligados a confesar bajo tortura y posteriormente quemados en la hoguera. Jaques de Moley, quien fue ejecutado ocho años después en la hoguera, frente a la catedral de Notre Dame, se arrepintió de todas las acusaciones que se había visto obligado a admitir por fuerza de las duras torturas a las que fue sometido e invitó a sus acusadores y enemigos al “juicio del cielo” en el plazo de un año, e increíblemente Felipe IV, Guillermo de Nogaret y el papa Clemente V murieron en dicho plazo de causas naturales. Así como Jaques de Moley, muchos otros caballeros se arrepintieron y negaron las confesiones que se habían visto obligados a proferir, sin embargo de nada serviría para salvar a la Orden, el daño estaba hecho y fueron quemados, se dice que solo trece de sus caballeros pudieron escapar a tal engaño.

En 1312, Clemente V cedió a las presiones de Felipe y disolvió la Orden, después del dictamen del Concilio de Vienne en 1311. Su brusca erradicación dio lugar a especulaciones y leyendas que han mantenido vivo el nombre de los caballeros templarios hasta nuestros días.

El jueves 25 de octubre de 2007, los responsables del archivo del Vaticano publicaron el documento Processus contra Templarios, que recopila el Pergamino de Chinon, o las actas de exculpación del Vaticano a la Orden del Temple, precisamente el año en que se conmemoraba el 700º aniversario del inicio de la persecución contra la Orden.

El “Pergamino de Chinon”, uno de los documentos del volumen Processus contra Templarios presentado por el Vaticano, corrige la leyenda negra sobre la Orden y muestra que todas las acusaciones fueron injurias que hizo el Papa Clemente V para beneficio propio. A pesar de ello, y habida cuenta de que el “Pergamino de Chinon” es anterior a la fecha de las bulas papales de disolución de los templarios, en realidad aquel quedó como una expresión de la conciencia personal del Papa. En cambio, la postura oficial de la Iglesia es la de la disolución de la Orden. En efecto, el documento de Chinon data de agosto de 1308. Ese mismo mes de agosto de 1308, el Papa promulga la bula Facians Misericordiam, por la que se devolvió a los inquisidores su jurisdicción. En la segunda sesión del Concilio de Vienne, el 3 de abril de 1312, se aprueba la Bula Vox in Excelso, emitida por el propio Papa Clemente V el 22 de marzo de 1312, confirmada por la Bula Ad Providam de 2 de mayo de 1312. En ambas se declara la disolución definitiva de la Orden.

Processus contra Templarios establece que:

1.- El Papa Clemente V no estuvo convencido de la culpabilidad de la Orden del Temple.

2.- La Orden del Temple, su Gran Maestre Jaques de Moley y el resto de los templarios arrestados, muchos de ellos ajusticiados posteriormente, fueron absueltos por el Santo Padre luego de ser ajusticiados o quemados vivos.

3.- La Orden nunca fue condenada, sino disuelta, fijando la pena de excomunión a quien quisiera reeditarla.

4.- El Papa Clemente V no creyó en las acusaciones de herejía y por ello permitió a los templarios ajusticiados recibir los Sacramentos, a pesar de lo cual, fueron ajusticiados en la forma en que la jurisdicción canónica establecía para los herejes relapsos (aquellos que después de confesar, se echan atrás en sus confesiones).

5.- Clemente V negó las acusaciones de traición, herejía y sodomía con las que el Rey de Francia acusó a los templarios, no obstante lo cual, convocó el Concilio de Vienne para confirmar dichas acusaciones.

6.- El proceso y martirio de templarios fue un “sacrificio” para evitar un cisma en la Iglesia católica, que no compartía en su gran parte las acusaciones del Rey de Francia, y muy especialmente de la Iglesia francesa.

7.- Las acusaciones fueron falsas y las confesiones conseguidas bajo torturas.

A la vista de los documentos históricos cabe resumir que, aunque el Papa Clemente V intentara en su fuero interno evitar la condena a los templarios, su debilidad frente a Felipe IV de Francia hizo que continuara con el proceso de disolución de la Orden. Este proceso de disolución acaba como hemos dicho en 1312. Recojamos en este punto lo que la bula Ad Providam, que no ha sido al día de hoy derogada, dice al respecto:

“… Hace poco, Nos, hemos suprimido definitivamente y perpetuamente la Orden de la Caballería del Templo de Jerusalén a causa de los abominables, incluso impronunciables, hechos de su Maestre, hermanos y otras personas de la Orden en todas partes del mundo… Con la aprobación del sacro concilio, Nos, abolimos la constitución de la Orden, su hábito y nombre, no sin amargura en el corazón. Nos, hicimos esto no mediante sentencia definitiva, pues esto sería ilegal en conformidad con las inquisiciones y procesos seguidos, sino mediante orden o provisión apostólica.”

Fragmento de la bula Ad Providam

ICONOGRAFÍA

De su primer aspecto y atuendo se dice:

“Todos llevan el vestido que se les ha proporcionado y a nadie se le ocurriría buscar fuera comida o ropajes. Se rapan el pelo al ras, en ningún momento se peinan, en escasas ocasiones se lavan, su barba siempre aparece hirsuta y sin arreglar, van sucios de polvo y su piel aparece curtida por el calor y la cota de malla.”

Sin embargo, la indumentaria representativa de la orden comenzó a gestarse con la adopción de la Regla del Cister por los templarios, por la cual tomaron el manto blanco característico de dicha orden religiosa. Posteriormente en 1146, el Papa Eugenio III concedió a los Templarios su hábito definitivo, ordenándoles portar, a la altura del corazón, una cruz roja en forma de cruz latina con los cuatro brazos iguales, pero más ancha en los extremos que en el centro de cada brazo. Esta cruz roja es el más típico y conocido emblema de los Caballeros del Temple, repetido hasta la saciedad en las imágenes referentes a las cruzadas e incluso incorporado por Cristóbal Colón a la vela de sus naves durante el descubrimiento de América.

La equipación que recibía el nuevo templario quedaba bajo su entera responsabilidad, sin poder compartirla con nadie, ni siquiera la más pequeña de sus prendas. También estaba obligado a cuidar el equipo con el mayor esmero, porque su vestimenta y su aspecto externo siempre debía ser la mejor imagen de su condición de monje-caballero.

Como ropaje personal recibía un par de camisas, el mismo número de calzas y mantos (uno de éstos, el de invierno, provisto de un forro de oveja o carnero), una pelliza, un sayón, una capa, una túnica, un grueso cinturón de cuero, dos bonetes (uno de algodón y otro de fieltro) y un par de zapatos. Para la cama se le proporcionaba un jergón, dos sábanas, una manta ligera o estameña y una manta gruesa. Todas llevaban unas rayas blancas y negras, que eran los colores del Temple, además de la cruz roja, que se cosía o se pintaba en el lugar más visible.

OSCAR EL TEMPLARIO

La iconografía de esta obra, con ligeros cambios, esta basada en un modelo de figura de la sobresaliente empresa “Pegaso Models” ( Sargento Templario, siglo XIII ), la misma ha sido personalizada por petición del cliente. Es un soldado que viste traje de malla, tunica blanca con cruz roja, capa negra con el mismo emblema, botas marrones, guantes beige, espada y escudo con los colores característicos de la Orden del Temple (blanco y negro). Se presenta de pie, descansando y apoyado sobre sus dos piernas y la espada, que la sujeta con ambas manos, va con capa, capucha puesta y con el escudo a la espalda. Su rostro se dirige ligeramente a su derecha, mientras que su mirada no muestra contemplación alguna.

Como detalles, tiene varios, los cortes y golpes en el escudo, el rosario que cuelga de la cintura, los muchos pliegues en sus ropas, las manchas de sangre y la suciedad en los bajos de la capa por el arrastre en el camino. Pero sobre todo, destaca en la aplicación de la técnica de la veladura y en el gran parecido conseguido con el propietario, de ahí su nombre “el Templario Oscar”.

Para saber mas sobre la obra y su autor, visita su web:

http://www.123miweb.es/andresabelmiobra/74573678

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ARTE – ANDRÉS ABEL

http://www.123miweb.es/andresabelmiobra/

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Bueno, quiero hacer un breve inciso en mi linea y exponeros los trabajos de un amigo y compañero, el cual me ha sorprendido gratamente con sus trabajos y lo maravilloso de su obra.

Desde aquí, quiero animaros a que visitéis su web, y contempléis las bellas figuras que una persona con buen corazón, con tesón, y ganas de crear… puede llegar a hacer con sus manos.

La introducción que a continuación os muestro, está sacado de su web, para que lo conozcáis un poco más… Y para acceder a su web, sólo tenéis que picar sobre la imagen y os llevará a ella.

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INTRODUCCIÓN:

Con esta página Web, ANDRÉS ABEL, se incorpora con gran ilusión, a esta nueva oportunidad que nos ofrece la tecnología.

Esta página está configurada con el único objetivo, que no es otro, que dar  a conocer a quien la visite, una imagen general de su persona artistica y el carácter de su obra.

A través de ella, quien acceda, podrá recabar datos sobre su historia, su taller y su obra. Así como, textos de estudios iconográficos  e imágenes en referencia a sus trabajos.

Del mismo modo, ofrece la posibilidad de realizar comentarios buscando todo tipo de critica y sugerencias, que de buen grado valorará, para mejorar su futura obra.

Buscando mantenerte informado, ANDRÉS ABEL, intentará tener la Web actualizada, con el objetivo de ser un punto de referencia de su obra.

Por último, el artista, quiere agradecer tu visita y espera que tengas, en ella, una estancia agradable y que encuentres lo que buscas.

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